Y esto es lo mejor que se puede
decir de ella. La muy bruja ha comprado unos minutillos de protagonismo en
las pantallas y en las revistas. Y los ha pagado con el infundio, la
calumnia, la ofensa y la mentira hacia personas cuya dignidad ella no
alcanzará a comprender ni siquiera en su cuarta reencarnación, que muy
posiblemente será en forma de cucaracha o de bacteria, qué se yo.
Pero
afortunadamente, la cosa ya ha pasado. Nadie le compra ya sus infamias a la
mala Mila. Mila no mola ya nada. Porque los medios han comprendido en
seguida que se trata tan sólo de una pobre infeliz que ya no sabe de donde
sacer parné para sus múltiples y variados vicios.
Una pobre infeliz a la que
ya no quiere nadie, no escucha nadie, no cree nadie.
Y lo tiene muy bien
empleado. Por Mila. Y por Mala.